Hola a todos!
Pat me pidió un cap pronto, pues aquí está xD. Es algo más corto que lo anteriores, pero creo que está lleno de emociones, así que compenso con eso. Por otro lado decir que algo me hace pensar que Pat es la única leyendo esta novela, o por lo menos la única que comenta, es así que para sacarme las duda he dejado una pequeña encuesta en la parte superior, para que respondan.
NOVENO CAPÍTULO
“Una fuerte tormenta se lleva las lágrimas”
Lágrimas corrían por los ojos de Martina cuando salió de la cocina al patio de la casa. Su amiga se estaba muriendo y el verla así, con el rostro quemado al punto de irreconocible y la ropa deshecha, la había paralizado hasta que David remeció su brazo.
—Ve en busca de algunas amapolas —le había dicho él— trae las que puedas y las hechas en agua hirviendo por cinco minutos. Mientras se preparan llamas a Leo a la universidad, dile que pase por Catalia y que vuelvan a casa.
Martina tardó en procesar la información y asentir, saliendo al exterior. Estaba nublado, un día triste.
Si no fuera por aquellas horribles nubes negras no habrían vuelto temprano a casa. Aquel día tenían una sesión de fotos con Ricky, él había rogado que estuviera David con ella y éste queriendo ayudar a Martina había aceptado, pidiendo permiso en el trabajo. Pero cuando llegaron al lugar acordado se encontraron con que las nubes no dejaban tomar unas buenas fotos, así que Ricky los mandó de vuelta a casa.
Benditas nubes, si no fuera por ella Elizabeth ya estaría muerta y quizás Javier también lo estaría.
Apretó las manos recordado al tipo que había estado en la casa con ellos. Su olor le era repugnante, al punto de sentir arcadas cuando él pasó por su lado escapando de los golpes de David. Él olía a azufre, un olor a muerte que le revolvió el estómago.
Tomó el ramillete de amapolas más próximo a la casa, volviendo tan rápido como sus pies le permitían y, lanzando las flores en una olla, las mojó con agua hirviendo.
Sus manos tiritaban mientras esperaba los cinco minutos que David le había dicho. En la cocina aún estaban las marcas del fuego que había quemado el rostro de Elizabeth y todavía se apreciaba el desastre que había dejado aquel hombre al pelear con Javier y David. Su olor aún estaba impregnado en toda la cocina, eso y aquel extraño líquido negro que había dejado tras los golpes de David.
Los cinco minutos pasaron sin que de sus ojos dejasen de caer lágrimas. Tomó la olla con un trapo, vertiendo el líquido en una fuente de vidrio y agregándole algunos hielos para que enfriara. Eran las instrucciones de David.
Una vez el agua estuvo tibia tomó la fuente entre sus manos, volteándose para subir a la habitación donde estaba Elizabeth. Encontrándose con Javier parado en la entrada a la cocina.
—Yo lo llevo por ti, estás muy nerviosa —dijo él tomando la fuente de sus manos.
—Gracias —le respondió al tiempo que sus piernas salían disparadas a la habitación de Elizabeth.
Entró, el silencio era sepulcral, sólo roto por la respiración irregular de Elizabeth. David se volteó al escucharla, había lágrimas en sus ojos.
—Trajiste el agua —dijo él secándose las lágrimas y disimulando su dolor, pero Martina lo conocía mejor que cualquier otra persona.
—Yo la traigo –Javier entró en la habitación, dejando a Martina en el umbral de la puerta.
Javier entregó el agua a David, quien la tocó comprobando que ya estuviese fría. Entonces tomó un puñado de los pétalos de amapola, dejando que el agua escurriera un poco y comenzando a esparcirla por el rostro desfigurado de Elizabeth. La pequeña vampira se quejó, removiéndose en la cama, mientras David masajeaba lentamente las zonas heridas.
—¿Llamaste a Leo? —le susurró Javier tomando sus manos. Martina negó frenética, corriendo hasta el teléfono.
Marcó el número de Leo, escuchándolo contestar al tercer pitido. Le explicó que lo necesitaba en casa, que volviese pronto y que trajese a Catalia, aun sin comprender si sería buena idea que su amiga viese a Elizabeth.
Volvió entonces a la habitación, Javier la esperaba expectante por algo de información sobre Leo, pero Martina ya no tenía fuerzas para hablar, las lágrimas la habían enmudecido.
Sintió los brazos de Javier rodearlas, la misma paz que siempre había sentido a su lado, el mismo amor que alguna vez le había profesado y que ella no aceptó por David.
—Todo estará bien, lo prometo —susurró él acariciando su cabello.
—Todo estará bien cuando dejes de acercarte a esa mujer —Martina miró a Javier, su rostro parecía compungido—. No lo hago porque sea egoísta y quiera que sigas sintiendo todo lo que sé sientes por mí, lo hago porque esto se está volviendo muy peligroso para todos nosotros y no quiero que algo pase. Ya con que Elizabeth…
* * *
El silencio de Martina le dijo lo que ella pensaba, la pequeña vampira se estaba muriendo y todos lo sabían.
Volvió a abrazar a Martina, ella tenía toda a razón, no podía seguir acercándose a Mónica si las cosas a su lado ponían en peligro a su familia, y Adiel era suficiente peligro para ellos con ese poder suyo que hacía aparecer llamas espontaneas.
Pero aun así le debía la verdad a Mónica, se la había prometido y se la daría, Esperaría hasta que anocheciera y partiría a la clínica a verla.
La puerta se escuchó en el primer piso, pasos corriendo por el pasillo. Eran Leo y Catalia, podía saberlo por el sonido de su trote.
Los vio entrar en la habitación con la respiración entrecortada. Ambos abrieron los ojos de par en par al ver el estado de Elizabeth, ¿quién no? ella estaba totalmente desfigurada por las quemaduras.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Leo corriendo hasta David.
—Es muy largo de explicar ahora —respondió David aun esparciendo el ungüento en el rostro de Elizabeth—. Hagamos lo que hagamos ella va a morir…
—¡¿Cómo?! —Javier sintió su estómago contraerse, viendo el cuerpo de Elizabeth tirado en la cama medio respirando.
—Sí, hicimos esto para que no sufra tanto —explicó David señalando el agua en la fuente de vidrio—. Es por eso que pedí a Martina llamar a Leo y Catalia, creo que es necesario que Elizabeth se vaya al fin en paz.
Un grito de Catalia rompió el gélido ambiente. La menuda chica sostenía a Martina, quien había caído desmayada por la impresión.
David se levantó de la silla en la que estaba, caminando hasta Martina y tomándola en sus brazos miró a Catalia a los ojos.
—Ella aun lo ama y los sabes —dijo David sin quitarle los ojos de encima a Catalia—. Debes entender que ella lo amó desde que se conocieron, son muchos años para olvidarlo tan fácilmente. Perdónala pequeña, ella se merece morir en paz.
Catalia apretó las manos, aun había odio en su corazón, pero algo había cambiado en ella.
Ella caminó hasta Leo, tomando su mano con suavidad y volteándose para mirar a todos.
—Sólo denme un momento —dijo Catalia y todos comprendieron.
David tomó a Martina con suavidad, entre sus brazos, caminando hacia el exterior mientras Javier los seguía. Sabía muy bien que el momento de la vieja vampira había llegado a su fin y, antes de salir de la habitación, se volteó a mirarlas, susurrando un silencioso “adiós” al cerrar la puerta.
* * *
Catalia podía sentir sus manos tiritar, se sentía nerviosa, pero ¿cómo negarle el perdón a alguien que estaba muriendo?
Miró a la vampira, su rostro estaba completamente desfigurado por las quemaduras. No sabía muy bien qué era lo que había ocurrido, pero qué importaba en ese momento.
Se sentó a un lado de la cama, tomando las manos de ella con suavidad, aplicándole el ungüento que David había dejado junto a la silla. La vampira abrió los ojos al contacto, aquellas ojos azules aún seguían siendo los mismos, vivos, tan cristalinos que lograba saber que ella pedía su perdón con tan sólo su mirada.
—Yo… —su voz era un quejido ronco y lleno de dolor— de verdad lo siento mucho, pero sabes que no me arrepiento, quizás sí por el dolor que le causé a él, pero… —ella tosió con dificultad, su respiración se hacía cada vez más dificultosa— yo lo amo.
—Lo sé —susurró Catalia borrándose los pensamientos que apretaban su estómago, ella no estaba tratando de dañarla con sus palabras, sólo intentaba irse en paz con todos.
Catalia continuó masajeando sus manos, las heridas eran realmente graves y era evidente que sus intentos de hacerla sufrir menos no surtían efecto. Ella se retorcía de dolor, sólo que sus movimientos era flojos por la debilidad de su cuerpo.
Sintió la mano de Leo en su hombro, él quería su momento con ella y Catalia no se lo negaría. Se levantó de la silla ofreciéndole el lugar a él, quien al instante lo ocupó tomando la mano de la pequeña vampira entre las de él.
—Todo estará bien ahora —susurró Leo—. Lo habíamos conversado muchas veces antes, este momento debe llegar para todos, es tiempo de dejar a la tierra libre de uno de nosotros y así que el espacio lo ocupe un nuevo humano.
Una sonrisa apareció en los quemados labios de Elizabeth, era evidente que aquella conversación había sido recurrente entre ellos en algún momento y Catalia sintió celos por los recuerdos que ellos compartían, pero ahora lo sabía, ella no podía borrar el pasado, estaba ahí y nada lo eliminaría. Sólo podía seguir adelante como la pequeña vampira lo había intentado y ella no se lo permitió.
Vio a Elizabeth apretar la mano de Leo con fuerza, la escuchó susurrar algo incompresible para su oído vampírico, era algo en otro idioma, alemán. Y luego un suspiro salió del cuerpo de la pequeña, el último…
Lágrimas recorrieron las mejillas de Catalia, al tiempo que tomaba la mano de Leo y lo ayudaba soltar la de Elizabeth, dejándola con suavidad sobre la cama, mientras que la veían convertirse en polvo como con los vampiros antiguos ocurría, desapareciendo de la cama para ser sólo tierra en ella.
—¿Qué dijo? —preguntó Catalia sólo por curiosidad.
—Nunca la dejes sola —respondió Leo con lágrimas en los ojos.
* * *
Lluvia comenzó a caer cuando salieron con los restos de Elizabeth en las manos de Leo. David ayudaba a caminar a Martina quien lloraba desconsolada, mientras que Catalia se sujetaba del brazo de su hermano.
Lucas había llegado poco tiempo antes de que salieran rumbo al cemeterio, viendo el desastre en la cocina sin preguntar, él ya lo sabía, él lo había leído en la mente de todos.
Javier vio al cielo, aún seguían esas feas nubes en él, sólo que esta vez pequeñas gotas comenzaron a caer de ellas.
Sintió lágrimas unirse a las gotas cayendo, eran sus lágrimas y las de todos mientras depositaban las cenizas de Elizabeth junto a la tumba de la hermana de Martina.
Había flores de amapolas por todos lados, estaban plantadas en la tumba, sabía muy bien que esa había sido Martina y que ella había pedido a Leo dejar las cenizas de Elizabeth ahí. El lugar perfecto.
Sabía también que ahí estaba las cenizas de Julieta, Martina se lo había contado cuando él preguntó por qué llevarían a Elizabeth ahí.
—Decidí que Julieta se merecía un lugar hermoso en el que Elizabeth pudiera visitarla cuando quisiera, y nosotros —miró a David mientras decía esto—. No soy rencorosa Javier y lo sabes, y creo que Elizabeth debe estar junto a su hermana.
Y así fue.
La tormenta cubrió todo el cementerio, mientras Javier veía las cenizas de Elizabeth mezclarse con la tierra de las amapolas.
Quizás Martina tenía razón, debía alejarse de Mónica por el bien de la familia.
Miró hacia el cielo sintiendo el agua limpiar sus lágrimas. No vería a alguien de su familia morir nuevamente por toda aquella situación, se alejaría de Mónica, pero primero le diría la verdad.
* * *
Corría en su auto a toda velocidad, el asfalto chirriaba bajo el contacto feroz de los neumáticos. La lluvia cegaba su avance, pero Adiel sabría muy bien cuando un auto estuviese cerca, él jamás había chocado antes y no lo haría ahora.
Cerró los ojos un momento, había matado a un vampiro después de tantos años sin hacerlo, pero su sed de venganza seguía ahí, viva como cuando matar a aquellas bestias había sido su vida.
Abrió los ojos, tantos años habían pasado desde que lucifer lo había expulsado, tantos que ya no los recordaba, pero su esencia de demonio jamás había desaparecido y sus deseos por matar a aquellos chupasangres nunca cesarían.
Recordaba bien por qué había sido expulsado; recordaba sus pómulos pronunciados, sus ojos azules enormes y los bellos cabellos castaños hondeados cayendo por sus armoniosos y voluptuosos pechos. Nunca se olvidaría de Enna.
La vampira era hermosa, más que ninguna mujer a la que hubiese conocido en sus cientos de años de existencia, y esa belleza lo había cegado.
Sabía muy bien que a los de su raza se les prohibía cualquier tipo de relación con aquellas bestias, pero aun así Adiel se había acercado a ella, cegado por su belleza.
Recordaba la forma en que su cuerpo deseaba al de la vampira, la sensación de sus besos y cómo cada parte de él ansiaba tocarla.
Así fue como terminó enfrascado en la cama con ella, disfrutando de su cuerpo, de la suavidad de su piel y de todas la sensaciones que el poseerla le traía.
Pero cuando el amanecer llegó Lucifer en persona pareció en su puerta.
Su cabello negro y largo hasta la cintura, su sonrisa ladeada de victoria y aquella piel morena que le daba la prestancia.
El miedo se apoderó de Adiel en ese momento, haciendo que su cuerpo tiritase por completo. Creyó que terminaría muerto, que las llamas del infierno serían poco para torturarlo, pero las palabras de Lucifer fueron mucho peores.
—Si tanto te gusta follar a aquellas aberraciones —dijo él con su voz ronca y de temer—, pues entonces quédate en este mundo —y desapareció esfumándose como había aparecido.
La rabia lo cegó, la odiaba, ella lo había llevado al exilio, era su culpa que el infierno ya no lo aceptase en su reino.
Entonces la vio, recostada sobre las sábanas blancas de la cama que aquella noche habían compartido, durmiendo con un sueño que parecía ser placentero. Ella estaba contenta de haberle quitado todo.
Adiel no aguantó más y las llamas invadieron todo el apartamento en un abrir y cerrar de ojos, al tiempo que los gritos de la vampira corroían el sonido del crepitar del fuego. Era una zorra y se merecía todo el dolor que Adiel sabía le estaba provocando.
Cuando su mente volvió a reaccionar todo había sido consumido por las llamas y ya nada quedaba de Enna, la había matado.
Sus ojos se abrieron de par en par, no podía llorar, no era algo que un demonio pudiese hacer, pero el dolor invadía todo en él. La había perdido por el odio, aquel que siempre cegaba a los demonios y por el cual terminaban cometiendo errores de los que no se podía volver atrás.
El sonido de un claxon de camión lo despertó de sus recuerdos. Aun no podían salir lágrimas por la pérdida de Enna, ni el remordimiento por haberla asesinado desaparecía. Pero esta vez no perdería a Mónica, era la primera mujer de la que se había enamorado realmente desde que perdió a Enna, no dejaría que ese vampiro la alejase de él por nada.
* * *
Subió a la moto de David apenas llegaron a casa. Martina había intentado detenerlo, pero Javier ya estaba decidido. Cortaría cualquier lazo con Mónica ese mismo día.
Aceleró la motocicleta, la lluvia seguía cayendo estrepitosa a su alrededor, pero aun así continuó, sin importar que su cuerpo estuviese todo mojado.
Divisó el hospital a lo lejos, afortunadamente no había visto el auto de Adiel en ninguna parte del estacionamiento. No quería problemas, ya no, sólo estaba ahí para cumplir con su promesa a la chica, la verdad y se iría.
Entró en el edificio sintiéndose observado por las recepcionistas. Ellas cuchicheaban al tiempo que Javier se les acercaba.
“Si se ve sexy mojado con ropa ¿cómo será sin ella?” alcanzó a escuchar que una de ellas decía a su compañera, callándose cuando creyeron que él lograría escucharlas.
—Necesito saber si la señorita de la habitación dos nueve dos puede recibir visitas.
La mujer tecleó el número que Javier le dio, revisando la pantalla un momento.
—Ella está despierta, puede ir verla sin problemas, pero no creo que sea buena idea que entre moja…
Javier no se quedó a escuchar a la mujer, no tenía tiempo para secarse, debía hablar con Mónica antes de que Adiel apareciera, y deshacerse de los problemas que esa mujer había traído a su vida.
Subió hasta la habitación de Mónica, apresurando a sus piernas hasta la puerta de ella. Tocó dos veces antes de abrir.
Ahí estaba ella, sentada en su cama leyendo un libro, una novela de vampiros.
“Ironías de la vida” pensó.
Ella levantó la vista hasta él, abriendo los ojos de par en par.
—¡Javier! —chilló con los ojos como platos— ¿Qué haces aquí todo mojado?
—He venido a decirte la verdad.



20:20
Nadia


4 comentarios:
hola nadia ^^
te acuerdas de mi? jajaja
bueno iba a votar la encuesta, pero es que mi opcion no esta ahi y entonces te lo voy a dejar en un comentario aqui :)
para serte sincera, no estoy leyendo hibrido deseo, pero no es porque no me guste ni nada de eso, lo que pasa es que ultimamente he estado algo ocupada y no he tenido tiempo de pasar a otros blogs (a ninguno en realidad D:) he publicado algunas cosillas en mi blog pero hasta ahi
la verdad es que si quiero leerlo, pero se paciente conmigo ^^ en mis vacasiones me lo pongo a leer asi como hice (si no me equivoco) con tu primera novela :p
asi que no dejes de escribir porque pronto me tendras a mi ^^
Hola!!! Hace poquito que leo el blog, solo unas semanas. Y aunque me ha costado bastantes horas de lectura intensa, me alegro de decir que voy al día con la historia.
Este capítulo me ha gustado, la verdad, se han descubierto cosas de Adiel, pero me ha dado muchísima pena por Elizabeth, me encantaba su personaje.
Bueno, pues ya sabes que tienes una lectora más!! Trataré de comentar en todos los capítulos que subas =)
Espero que publiques pronto. Bye!!! =D
Anda Nadia, me ha emocionado eso de que has publicado pronto porque te lo pedí *-*
Pues bueno guapa, ya me ves por aquí comentando. Tardé un dia pero por fin pude pasarme a leer :D
¡HAS MATADO A ELIZABETH!! :'(
He estado a punto de echarme a llorar. También nos has dado nuevos datos de su asesino. ¡Quiero venganza! Que sufra ¬¬"
¿Cómo reaccionará Mónica? Se sabrá en el próximo capítulo. (recuerdo de todas las series que veía de peque jaja:D)
En fin niña, ¿no te comentan? Bueno, yo puse también una encuesta. 36 personas leen mi historia y no comentan. Ya ves, yo flipando en colores jaja Pero en fin, por lo menos la leen, es un consuelo.
Ahora pues, ¿quieres algo de publicidad? :D
Sabes que ahora mismo tengo menos seguidores que tú jaja pero aquí sabes que me tienes para todo :)
¡Un beso!
Hola!!
He estado ausente un tiempo por exámenes y unas pequeñas vacaciones que me tomé al terminar y recien he regresado al mundo bloggero, así que no he tenido tiempo para leer Hibrido Deseo.
Ahora que lo he hecho, dejame que te diga que menos mal que leí estos últimos capítulos de golpe. Decididamente no habría soportado la espera durante mucho tiempo. ¡Han sido unos capítulos de infarto!
Ahora que he vuelto voy a terminar las entradas dedicadas a tus historias, que dejé a medias en mi blog.
Un beso enorme!
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